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Prepara tus radiadores para que te ofrezcan el máximo calor este invierno

Cuando llega el frío y uno enciende la calefacción con la ilusión de quien se reencuentra con un viejo amigo, lo último que espera es que el dichoso radiador del salón empiece a calentar a medias. O peor aún, que uno esté que arde y el de al lado ni se inmute. Aquí es donde descubrimos que nuestros radiadores no son precisamente una orquesta bien afinada, y que algo en las arterias calientes del hogar no está fluyendo como debería. Hablamos, claro, de la limpieza de calefacción en Padrón, una tarea que puede parecer secundaria… hasta que pasas el primer fin de semana helado con un jersey encima del pijama.

Lo que muchos no saben es que, con el paso del tiempo, el agua que circula por el circuito cerrado de la calefacción arrastra consigo partículas de óxido, residuos metálicos, restos de cal y aire. Todo eso forma una especie de sopa turbia que se acumula en las partes bajas de los radiadores y en los recovecos del sistema, generando atascos, zonas frías y un gasto energético tan innecesario como molesto. Es como si quisieras hacer circular sangre por un cuerpo con las venas medio tapadas: el corazón (la caldera) trabaja más, pero los pies (los radiadores del fondo del pasillo) siguen fríos.

Un purgado profesional es, en ese sentido, una especie de diálisis para tu instalación. Con herramientas específicas, se eliminan los lodos acumulados, se expulsan las burbujas de aire que hacen que el sistema suene como si tuviera ranas y se restablece el flujo normal del agua caliente. El resultado se nota enseguida: radiadores que calientan de forma uniforme, habitaciones que alcanzan la temperatura deseada más rápido y una factura de gas o gasoil que deja de parecerse a un castigo divino.

La mejor parte es que no hace falta desmontar media casa ni llamar al CSI del cobre para hacer esta limpieza. Un profesional cualificado puede hacerlo en unas horas, con resultados que se traducen en confort inmediato y en una prolongación notable de la vida útil de la caldera. Porque no hay aparato que resista trabajar a sobreesfuerzo continuo. Y una caldera cuidada es una caldera que no te deja tirado el día de Nochebuena mientras intentas calentar sopa con velas.

Quien ha pasado un invierno con calefacción en condiciones sabe de lo que hablamos. Es ese calor envolvente, constante, sin picos ni bajadas. Ese gusto de andar en camiseta por casa mientras fuera caen chuzos de punta. Esa paz mental que da saber que cada euro que inviertes en calefacción está siendo bien aprovechado. Y todo empieza por algo tan básico como asegurarse de que el sistema esté limpio, sin obstrucciones y funcionando como debe.